
En verano pierde extensión a ritmo galopante y en invierno, grosor. El hielo del Ártico es un cúmulo de malas noticias relacionadas con el calentamiento global. Una investigación publicada este martes en 'Geophysical Research Letters' revela que el último invierno el hielo de grandes áreas del océano boreal perdió hasta un 19 por ciento de su espesor.
Las mediciones facilitadas por el satélite Envisat, de la Agencia Espacial Europea (ESA), han confirmado las sospechas. El año 2007 no fue sólo catastrófico por el colapso estival de la banquisa ártica - récord histórico-; también el invierno marcó un hito negativo desde que existen los registros. En la estación en la que la superficie del mar ártico vuelve a helarse, el grosor medio del hielo fue un 10 por ciento menor - unos 26 centímetros- que el promedio del último lustro. En áreas concretas del Ártico occidental el adelgazamiento de la capa alcanzó los 49 centímetros.
Los cambios en el espesor del manto de hielo ártico son cruciales para conocer mejor la evolución general del océano septentrional y cómo influye en la pérdida de extensión debida al incremento de las temperaturas, el régimen de corrientes y vientos marinos.
«Dado que el Ártico está en constante movimiento los métodos convencionales sólo proporcionan escasos e intermitentes medidas del grosor del hielo, y es difícil decir si los cambios son locales o generales en todo el océano», explica Katharine Giles, del Centro de Observación Polar del University College London. El altímetro incorporado en el Envisat proporciona la tercera dimensión a las imágenes satelitales que ya han documentado el dramático declive de la superficie del Ártico cubierta por el hielo. Este verano se alcanzó el segundo récord de deshielo estival, a poca distancia del límite crítico del año pasado
Las últimas mediciones han obligado a revisar las peores expectativas sobre un deshielo total del Ártico durante los meses de verano. Para algunos de los más prestigiosos institutos de investigación polar, este efecto dramático del cambio climático podría ser realidad antes de 2030. El Ártico está inmerso en un proceso de declive imparable. El alza de las temperaturas funde cada vez mayor superficie de hielo marino y durante el invierno el hielo estacional no engrosa lo suficiente para convertirse en hielo viejo, capaz de aguantar las fluctuaciones plurianuales de la banquisa
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